La estrategia forestal impulsada por Uruguay hace dos décadas aumenta sus frutos con proyectos celulósicos de la sueco-finlandesa Stora Enso y la chilena Arauco, que se suman al proyecto de Portucel y a la ya instalada pastera de Botnia.
Stora Enso y Arauco adquirieron en sociedad terrenos forestados y el proyecto celulósico de la española Ence en Uruguay por 340 millones de dólares.
Ahora, evaluarán durante 18 meses dónde emplazarán una planta para producir entre 1 millón y 1,5 millón de toneladas de pasta de celulosa, que implicará una inversión de entre 1.500 y 2.000 millones de dólares, anunciaron sus directivos a la prensa local.
La evaluación que realizarán ambos grupos forestales considerará factores como "el transporte de la madera, la cercanía del agua y la infraestructura disponible" así como las implicancias ambientales y sociales, dijo el presidente de Stora Enso para América Latina, Nils Grafström.
La compra de 130.000 hectáreas forestadas en el centro y litoral de Uruguay se suman a las 74.000 hectáreas que Stora Enso ya tenía en el centro del país, donde desembarcó en 2005, y a las 39.000 hectáreas de Arauco, presente en Uruguay desde hace 15 años.
"Luego de la adquisición de 130.000 hectáreas de Ence", la sociedad entre Stora Enso y Arauco cuenta con "la masa crítica necesaria para una planta" de celulosa, agregó Grafström.
Ence había iniciado el movimiento de tierra para la construcción de una planta de celulosa en Punta Pereira -sobre el Río de la Plata, en Colonia, unos 200 km al oeste de Montveideo-, para la cual ya contaba con los permisos ambientales del gobierno uruguayo.
El Ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Carlos Colacce, dijo que si el nuevo emprendimiento "decide incorporar cambios" al proyecto de Ence, "deberán presentar el nuevo proyecto, el cual será analizado por los técnicos" de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama).
Tras el acuerdo con Stora Enso y Arauco, Ence conserva en Uruguay "la gestión de cerca de 30.000 hectáreas de bosque" y una "planta de astillado y exportación de madera" en Peñarol (norte de Montevideo).
El proyecto de Stora Enso y Arauco se suma al de la portugesa Portucel, que en octubre pasado firmó un acuerdo con el gobierno del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, para instalarse en el país con una inversión de entre 4.000 y 6.000 millones de dólares, que incluye una planta de celulosa y una de papel, próximo a la Laguna Merín (fronteriza con Brasil), y un puerto de aguas profundas.
La finlandesa Botnia inauguró en noviembre de 2007 una planta en Fray Bentos (300 km al noroeste de Montevideo), sobre el Río Uruguay, limítrofe con Argentina, que implicó una inversión de 1.200 millones de dólares, y con capacidad para producir 1 millón de toneladas de pasta de celulosa.
La instalación de Botnia implicó un conflicto con Argentina, que denunció a Uruguay ante la Corte Internacional de Justicia, por haber violado supuestamente el estatuto del río Uruguay, y generó una protesta ambiental de parte de ciudadanos argentinos que desde hace dos años y medio mantienen bloqueado el puente que une a la ciudad argentina de Gualeguaychú con Fray Bentos.
Estos proyectos implican las mayores inversiones en la historia de este país de 3,3 millones de habitantes y 176.220 km2, y se enmarcan en una estrategia para desarrollar el sector en una región que se perfila como polo mundial de producción de celulosa: Brasil cuenta con 220 plantas de celulosa y papel, Argentina con unas 60 y Chile con 11.
Esa estrategia fue trazada por una ley aprobada en 1989 que estabeleció exoneraciones impositivas a la forestación con el reintegro del 50% de los costos fictos de plantación, el acceso a líneas de crédito especiales y exoneración de aranceles a la importación de bienes de capital e insumos para empresas del sector. Esos subsidios comenzaron a reducirse en 2004 y desaparecieron en 2007.
Fuente: EFE 21/05/2009