La cuenta regresiva ya empezó. A
finales de 2007, la BBC de Londres realizó un reportaje cuestionando el
hecho de comprar cerezas provenientes de más de once mil kilómetros de
distancia. El recorrido que hace un avión entre Chile y Gran Bretaña.
El cuestionamiento de la cadena de noticias no apuntaba a la calidad,
las buenas prácticas agrícolas o la inocuidad de las cerezas, sino al
impacto que tenían sobre el calentamiento global. Ocurre que para
producir los alimentos y transportarlos se queman hidrocarburos, es
decir, se generan las temidas emisiones de carbono que, suspendidas en
la atmósfera, forman parte de los gases de efecto invernadero (gei).
"Son los gases que ascienden a la atmósfera, deteniéndose y formando
una capa que impide que los rayos del sol salgan, por lo que se
calienta la Tierra, el CO2 es uno de ellos", explica Anthony Wylie,
decano de Recursos Naturales de la Universidad Santo Tomás.
Y
ahora los consumidores quieren saber cuántos de esos gases se emitieron
para producir y trasladar sus alimentos. Es decir, conocer la "huella
de carbono" que dejaron tras de sí lo que comen. Y en esto los ingleses
llevan la delantera. Ya en 2007 un sondeo realizado en Gran Bretaña
indicó que el 57% de los consumidores prefiere comprar alimentos
locales, y actualmente, según un estudio efectuado por Tesco, el tercer
mayor distribuidor minorista en Europa, dos terceras partes de los
consumidores consideran la huella de carbono para tomar decisiones. Por
lo mismo, el supermercado ya la está rotulando en productos como jugos
y mermeladas.
De ahí a empezar a pedir el registro para cada producto hay un paso, que parece que ya está encaminado.
"A
fines de 2007 comenzaron a llegar las primeras alertas de grandes
cadenas de supermercados europeos, como Tesco, Casino en Francia y
otros de Alemania e Italia. Los consumidores decían que preferían
productos que tuvieran una menor emisión de C02, pero que estaban
evaluando sólo a través de las distancias recorridas del producto hasta
llegar al punto de comercialización", explica Paola Conca, gerenta de
Calidad y Medio Ambiente de ProChile.
Los exportadores chilenos ya lo están notando.
"Algunos
supermercados y otros importadores de fruta han comenzado a requerir
información respecto de los valores de emisión de los productos para
demostrar a sus consumidores que sus compras poseen menor impacto
ambiental que las de competidores que no consideren este factor",
recalca Ronald Bown, presidente de Asoex.
Aunque todavía no está
reglamentado, a excepción del caso del sector maderero en Gran Bretaña,
en el que para 2016 toda la construcción residencial debe ser carbón
neutral, la huella de carbono es un factor que en especial para Chile,
por lo lejos que queda de los países de destino, puede implicar el
cierre de mercados o pérdidas de competitividad. Por ello, si bien los
productos de exportación chilenos ya están tomando medidas al respecto,
urge que el tema esté en el enfoque de productores, exportadores y del
país.
"Más que un mejor precio, lo que se busca es lograr la
aceptación que se elija tu producto por sobre otro, en especial en
países escandinavos, Japón y Canadá", explica Adolfo Hurtado, gerente
general de Conosur.
Y si bien por ahora los consumidores están
pidiendo principalmente una etiqueta que indique el rango de emisiones,
falta poco para que exijan además poder verificar la información a
través de páginas web u otras fórmulas a las que puedan acceder.
Lo que sucede en Chile
Actualmente,
las emisiones del sector agrícola fluctúan entre un 15 y un 20% del
total nacional, según datos proporcionados por el Ministerio de
Agricultura. Aunque en la mayoría de los sectores no se sabe con
exactitud cuántas son las emisiones. Aquí los avances de los sectores
más adelantados en la materia:
FRUTA
Asoex, la asociación
de exportadores, ya realizó un estudio preliminar de la posición de la
huella de carbono en la manzana, tomando como modelo - benchmarking- un
estudio neozelandés efectuado en 2006. Los resultados apuntan a uno de
los temas que afectan transversalmente a la industria, la matriz
energética.
"Nuestra huella de carbono muestra el efecto
ejercido por la actual grilla energética chilena en términos de
electricidad. El estudio neozelandés utilizado como benchmark señala
que la matriz energética de ese país es más favorable a la reducción de
emisiones que la que tenemos en Chile", explica Ronald Bown.
Ocurre que, a diferencia de la isla oceánica cuyo lema es 100% puro, la fuente de energía chilena se basa en el carbón.
"Más
del 30% de la matriz energética de Nueva Zelandia es energía renovable,
a diferencia de la chilena, que está muy carbonizada. Acá se usa tanto
energía eléctrica como térmica; y el vapor para la industria en Chile
está dominado por diésel y carbón. La industria del vino y alimentos de
Nueva Zelandia está creando grupos de trabajo específicamente
focalizados en el tema, están a otro nivel que nosotros y hay que
considerar que son nuestra competencia directa", recalca Aldo Cerda,
gerente Área Forestal de Fundación Chile.
La necesidad ha
llevado a que en el país estén surgiendo iniciativas para medir la
huella de carbono de estos productos. Es lo que hace Sergio González,
investigador de Inia La Platina, que espera en nueve meses más tener
lista la metodología que determine la huella de carbono de los
productos exportados de origen agropecuario, junto con la elaboración
de un software que permita a los exportadores ingresar sus datos y
sacar su huella de carbono. Y la Universidad Santo Tomás está
desarrollando un proyecto financiado por Fondef, Fedefruta, la SNA,
Gesex y Deuman, para medir la huella de carbono de la fruta de
exportación, el que podría tener sus primeros resultados en nueve
meses, aunque estaría terminado en cerca de dos años y medio más. Ya
están empezando a medir lo que ocurre con las manzanas de la Región
Metropolitana y la VI Región.
"La huella de carbono para la
fruta de exportación es un factor crítico, pero no afecta de la misma
forma a todos. En el caso de la cereza, por ejemplo, es mayor porque se
transporta en avión, a diferencia de la manzana que se trasporta en
barco. De todas formas creemos que por el clima y otros factores
productivos, es factible que no sea mayor a la de Nueva Zelandia",
explica Anthony Wylie.
VINOS
Apoyadas por Cristalería
Chile, la industria del vino cuenta con una botella elaborada con entre
10 y 15% menos de vidrio, y al ser más liviana colabora en el ahorro de
emisión por transportes que es donde, hasta ahora, el sector ha visto
que causa más impacto en la emisión de carbono. Sin embargo, las viñas
recién están tomando conciencia del tema y, de hecho, son las menos las
que están utilizando estas botellas. Aun así, hay otras que por
decisión propia están tomando medidas.
A partir de los
requerimientos leídos por los consumidores ingleses, en 2007, Viña
Ventisquero partió por contratar una empresa que realizó la medición de
su huella de carbono y determinó que su mayor foco de emisiones estaba
en el traslado. Ello los llevó a amortiguar las emisiones a través de
bonos de carbono y actualmente se encuentra trabajando en cómo hacer
más eficiente la cadena completa de producción.
"La idea es
acercarnos lo más posible al impacto cero. Luego de cuantificar nuestra
huella partimos trabajando por el transporte y hoy nos estamos
enfocando en cómo ser más eficientes en el uso de energía. Estamos
haciendo una auditoría al respecto, porque la energía es la segunda
área donde tenemos mayor impacto", cuenta Martín Silva, gerente general
de Viña Ventisquero.
No son los únicos. Según los cálculos de
Viña Conosur, el 65% de sus emisiones corresponde a transporte, por lo
que ya lo está neutralizando a partir de la compra de bonos de carbono.
"Ya estamos solucionando alrededor de 65% del problema, pero falta más
del 30% que corresponde a todo el resto del ciclo productivo", explica
Adolfo Hurtado, gerente general de Conosur.
SECTOR FORESTAL
Esta
industria tiene un plus. Su materia prima, los bosques, les permiten a
las empresas propietarias contrarrestar su propia huella de carbono.
"Puede
ser una ventaja distinta porque sólo Chile, Brasil e Indonesia tienen
empresas forestales integradas donde la captura de carbono compensa las
emisiones derivadas de sus propios procesos industriales y de
transporte. La industria americana, por ejemplo, ya dejó de ser dueña
de los bosques", explica Aldo Cerda.
Arauco y CMPC han invertido
alrededor de US$ 200 mil cada una en determinar su huella de carbono.
En el caso de Arauco, el proyecto partió a finales de 2008; CMPC
partiría este año.
Masisa todavía no cuenta con un sello que
determine cuál es su huella de carbono, pero tiene una política que
apunta a la reducción de impactos. "Un objetivo concreto es la
disminución de los desechos que produjo la industria, lo que en 2008 se
hizo en un 0,6%. Se redujo, además, 10% del consumo de agua y 9% de
energía. Asimismo, el 64% de la energía consumida proviene de
autogeneración a través de biomasa", explica Iván Rubio, gerente de
operaciones y medio ambiente de Masisa.
PUNTOS A FAVOR
Si
para medir las emisiones de carbono sólo se tomara en cuenta la
distancia que recorre el producto para llegar hasta los supermercados -
Food Miles- , Chile estaría en clara desventaja. Pero la huella de
carbono, además de la distancia, mide las emisiones generadas durante
todo el ciclo productivo.
"El concepto de Food Miles es
utilizado por movimientos y organizaciones que desean promover el
consumo de los productos de origen local a fin de mantener puestos de
trabajo, lo que se presenta bajo la justificación de proteger el medio
ambiente, a través de un menor consumo de productos de procedencias más
lejanas", explica Ronald Bown, presidente de Asoex.
. Por
ejemplo, un estudio hecho en Colombia llegó a la conclusión que la
huella de carbono de sus flores puestas en Europa, a pesar del traslado
en avión, emiten menos CO2 que las flores producidas en el mismo
continente.
"La razón es que en Europa usan invernaderos,
calefacción, en cambio Colombia tienen sol, por lo que al final el
balance de las emisiones es favorable. Los estudios aún no están
listos, pero creemos que algo similar puede pasar con fruta de
exportación chilena", explica Anthony Wylie.
Los puntos que
podrían jugar a favor de Chile son la cercanía de los campos a los
puertos, lo que ahorra en cuanto a transportes en camiones, uno de los
más contaminantes por el balance entre la cantidad de producto
trasladado y las emisiones generadas.
El problema es que la
mayoría de los consumidores no lo sabe. Es decir, la publicidad apunta
a fomentar el consumo local, porque es imprescindible que el país,
junto con invertir en disminuir y cuantificar su huella de carbono,
invierta en marketing.
"Chile tiene que sofisticar el mensaje,
insistir en que lo que están haciendo en California, Francia o España,
decir que si el producto viene de más lejos no basta para medir la
huella", recalca Aldo Cerda.
LA REVOLUCIÓN LOCAL
En todo
caso, la huella de carbono no es un tema que afecte sólo al sector
exportador, a Chile llega de la mano de Wal–Mart. Ocurre que al
irrumpir dentro del negocio de los supermercados en Chile, Wal–Mart va
a cambiar las reglas del juego; es decir, exigirá las que ya trae y en
ellas ya está planteando considerar la huella de carbono.
"La
cadena de supermercados está haciendo un gran trabajo creando un índice
de estabilidad para sus abastecedores, en el que incluye la huella de
carbono. Es decir, va a empezar a pedir a sus proveedores un análisis
de trazabilidad de carbono, y si lo hace Wal–Mart, el resto de la
cadena de supermercados también lo harán", explica Aldo Cerda.
Loreto Gatica C..
Fuente: Revista del Campo, El Mercurio
Loreto Gatica C..