28.05.09
Entre
el revuelo y el temor que causó la confirmación de los primeros casos
de gripe humana en Chile, la semana pasada también se dieron a conocer
los resultados del informe anual de competitividad, desarrollado por el
Internacional Institute for Management Development de Suiza y la
Universidad de Chile. Nuestro país se ubicó en el lugar 25 del
ranking, subiendo una posición desde el lugar 26 en que se había
situado por dos años consecutivos. Esto nos permite mantener el
liderazgo de la región y aumentar la brecha de nueve a 12 ubicaciones
con el competidor más cercano, Perú, quien descendió este año dos
posiciones, pasando del puesto 35 al 37.
Seguramente usted se
preguntará, ¿cómo es posible que en tiempos de crisis nuestro país
pueda incrementar su competitividad? La respuesta es muy simple: en un
ranking lo que importa es la posición relativa de los países
analizados, más que la comparación de la evolución de cada país de un
año a otro. Realicemos la analogía con una carrera de Fórmula Uno en
que, en la mitad de su desarrollo, comienza una lluvia torrencial.
Obviamente
todos los autos en competencia deberán reducir su velocidad. Sin
embargo, aquellos que estaban mejor preparados, por ejemplo, que iban
equipados con neumáticos de mayor agarre o cuentan con un conductor
experimentado, probablemente tendrán una mayor capacidad de
sobreponerse a la inclemencia del tiempo.
Chile es uno de aquellos
autos que cuenta con mejores condiciones para enfrentar los efectos
negativos ocasionados por la crisis. La decisión de guardar
combustible, equivalente a la entonces criticada decisión de ahorrar
los excedentes del cobre durante los años de bonanza, es uno de los
factores que hoy nos convierten en la economía que tiene una posición
privilegiada en el continente.
Lo anterior se ve confirmado por los
resultados del test de estrés, que mide cuán preparada está una
economía para sortear con éxito la crisis económica y mejorar su
competitividad futura, en que Chile obtiene el lugar 15. Esta buena
evaluación también se debe, en parte, a que nuestro país aprendió de
las crisis financieras anteriores y generó un marco regulatorio que hoy
es reconocido. Por ejemplo, Chile obtiene el primer lugar en manejo de
riesgo en el sistema financiero y el segundo en la efectividad de la
regulación financiera y bancaria.
En general, el test de estrés
muestra que las economías pequeñas, como la nuestra, que tienen una
orientación a la exportación, con un ambiente político y social
estable, están mejor equipadas para beneficiarse de la recuperación.
Así, Chile destaca por el manejo actual y futuro de las finanzas
públicas (5to), la estabilidad política (10mo) y una positiva actitud
de la sociedad hacia la globalización (2do).
Sin embargo, no todo
son buenas noticias. Un análisis más reposado y menos coyuntural vuelve
a poner como el principal talón de Aquiles de nuestra competitividad,
actual y futura, a la calidad de nuestra educación. Si bien aumentos en
el gasto en esta materia no aseguran una mejora automática en la
calidad de la misma, el informe deja en claro que Chile es uno de los
países que menos recursos destina a educación como porcentaje del PIB.
Dicha
cifra alcanza tan sólo a un 3,2%, lo que nos ubica en el lugar 48,
siendo la inversión promedio de las 57 economías evaluadas un 4,8%.
Resulta ilusorio, entonces, pensar en mantener un alto nivel de
competitividad cuando se cuenta con un capital humano que no está a la
altura de las exigencias de una economía globalizada.
Fuente: La Tercera